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Siguiendo las indicaciones de los postes informativos que nos fuimos encontrando por el camino, y a poco tardar, llegamos hasta el mirador, desde donde las vistas eran fantásticas. Tras la visita al mirador, regresamos por otro sendero distinto hasta Villarreal donde cogimos el coche y nos fuimos a Torrejón El Rubio a comer... Es muy recomendable degustar los productos típicos de la tierra (informarse en los restaurantes). Por la tarde visitamos el Castillo de Monfragüe , célebre por la inmensa colonia de buitres que alberga. De esta manera, me fue relativamente sencillo hacer algunas fotos de estas aves tan magníficas e impresionantes que, aquél día y a pesar del enorme número de visitantes por ser fechas tan especiales, no parecían estar asustadas de la presencia humana. Además de los buitres, también es muy destacable el amplísimo panorama paisajístico que se puede contemplar desde esta atalaya; sobre todo la hermosa dehesa típica extremeña , como puede apreciarse en las fotos. Para finalizar aquella jornada de sábado, volvimos a la casa rural en medio de un tiempo inestable. Al día siguiente, domingo, decidimos ir al Valle del Jerte , para lo cual deberíamos ir al pueblo de Navaconcejo . El comienzo de jornada nos regaló un bellísimo y fresco amanecer desde la casa rural. Pusimos rumbo a Navaconcejo después de preparar provisiones y desayunar convenientemente. Salimos para allá a las 9 y llegamos sobre las 10 y cuarto. Lo primero que nos sorprendió es, precisamente, lo que queríamos ver: los cerezos en flor ; millones de ejemplares a ambos lados del valle teñían de blanco las laderas, como si los árboles desnudos soportaran una tremenda escarcha sobre sus ramas. Decidimos recorrer la Ruta de las Nogaledas, que nos llevaría hacia arriba por la ladera sur del valle, bordeando continuamente una enorme cascada que tiene unos saltos de agua muy hermosos. Todo bajo una densa vegetación y sin perder de vista los cerezos. El día surgió de nuevo con una cierta inestabilidad que aún daba más realce a los contrastes paisajísticos, dando mucho juego a la hora de hacer las fotografías. En todas ellas el cerezo y sus flores aparecen como motivo principal. Por la tarde, tras la comida y el café, fuimos al pueblo Garganta de la Olla . Conseguimos llegar tras un tortuoso viaje, por unas reviradas y estrechas carreteras. De este pueblo destaca la arquitectura tradicional, muy antigua y de la que se conservan muy bien numerosos ejemplos que dan fe de la historia de la localidad. Y una vez finalizada la visita, regreso a la casa rural desde donde tomé esta última foto, con un animal también bastante característico del paisaje extremeño: las vacas. Pedro C. Fernández Sanz.
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